La justicia cuando se atreve a mirar al cielo
Thriller jurídico Ficción filosóficaCuando el abogado Luzbell presenta una querella criminal contra Dios en la Audiencia Nacional de España, el mundo se tambalea. La demanda, ejecutada con una técnica procesal impecable, acusa al Creador de genocidio, terrorismo de estado divino y manipulación psicológica a escala global.
Lo que parece una quimera jurídica se convierte en el epicentro de una crisis global cuando la causa es admitida a trámite.
La fiscal Vega Maldonado se ve obligada a gestionar un proceso que desafía las leyes de la física y la lógica. Científicos, líderes religiosos, jefes de Estado y la realeza convergen en una sala que redefine la realidad.
El Papa invita a Vega a una audiencia privada en el Vaticano. Lejos de amedrentarse, ella sale de Roma más convencida que nunca de que el juicio es una necesidad histórica para la humanidad.
Solo figuras históricas y bíblicas de peso indiscutible suben al estrado. El clímax ocurre cuando Dios, sentado en el banquillo, rompe su silencio y pide perdón a la humanidad por su "adolescencia".
Vega comprende que este juicio no busca una condena, sino una liberación. Con el cierre del caso, la humanidad deja atrás su minoría de edad espiritual para convertirse en el único dueño de su destino ético.
"Nadie necesita haber leído a Kant para saber que hay cosas que no son justas. Esa sensación —la de que alguien tendría que dar explicaciones y nunca las da— es la más antigua del mundo."Del prólogo — Peter A. Smith
Este libro nace de una pregunta que no necesita biblioteca ni despacho. Nace de esa pregunta que se hace la gente cuando la vida no cuadra: ¿y esto quién lo arregla? ¿Quién responde?
Durante siglos, la respuesta fue siempre la misma: nadie. O peor: Él lo sabe, y tiene sus razones, y no nos corresponde entenderlas. Acepta y calla. Sufre y confía. Este libro se pregunta qué pasaría si esa respuesta dejara de ser suficiente.
No hace falta ser jurista para entender lo que es un juicio. Basta con haber visto alguna vez cómo el poder aplasta a quien no puede defenderse. No hace falta ser filósofo. Basta con haber tenido una noche larga, una pérdida sin sentido, un dolor que nadie supo explicar.
No hace falta ser creyente ni ateo. Solo hace falta ser humano y tener, todavía, la dignidad de exigir respuestas.
— Peter A. Smith
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